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31 de agosto de 2020David Cano Martínez

Innovación vs disrupción

Uno de los retos de los economistas es identificar las palancas del crecimiento del PIB y proponer las vías para que fructifiquen y sean lo más sostenibles posible. Los casos históricos más claros de impulso de la economía han estado asociados a olas tecnológicas que se engloban en 4 revoluciones industriales. Estamos inmersos en la cuarta, la vinculada al big data, internet de las cosas (IoT), robótica, inteligencia artificial (IA), blockchain, 5G, computación cuántica, ciberseguridad o nanotecnología.

Esta revolución se parece a las anteriores en su “destrucción creativa” (presente en la evolución del homo sapiens desde el mismo momento de su aparición) que aumenta el nivel medio de renta y bienestar.

Pero existen dos grandes diferencias respecto a las tres anteriores (y que, a su vez, están conectadas). La primera es que vulnera la privacidad. La segunda es que su desarrollo e implantación está siendo diferente por países en función de si se prioriza o no, precisamente, la privacidad. Esto es muy claro en el caso de la IA/big data/IoT, sin duda uno de los motores del crecimiento económico reciente y de los próximos años.

En Europa, se impone la privacidad de los datos; en EEUU y China la carrera por el liderazgo en las nuevas tecnologías. “EEUU y China ya ha comenzado una dura pugna por la hegemonía tecnológica, con una Guerra Fría 2.0 incluida. Europa apenas batalla. El colofón es una brecha tecnológica que se abre cada vez más rápido, con una pérdida de competitividad de nuestras empresas que nos acerca a un abismo de desaceleración económica, de desempleo y deuda pública”.

En “Prevenir el declive en la era de la Inteligencia Artificial”, Luis Moreno y Andrés Pedreño realizan un diagnóstico del estancamiento europeo, que sería el resultado de varias causas, entre ellas:

  1. La preferencia por la adaptación tecnológica y la innovación frente a la disrupción.
  2. El “miedo al progreso tecnológico”, que recuerda al movimiento ludita en el S-XIX (protestas por el temor a que los nuevos telares y la reorganización del trabajo destruyera empleos).
  3. Falta de cultura emprendedora.
  4. Falta de universidades verdaderamente comprometidas con el emprendimiento.
  5. Falta de promoción de los éxitos de las startups.
  6. Diferencias de escalabilidad, ausencia de un mercado único digital, dificultad idiomática entre países y las normativas comunes como lastre para las startups europeas frente a las de EEUU o China.
  7. Inversión excesivamente dependiente del sector público.
  8. Ausencia de ecosistemas digitales.
  9. Políticas educativas demasiado tradicionales.
  10. Liderazgo normativo que está sirviendo más para perjudicar el desarrollo tecnológico que para proteger a los ciudadanos. Privacidad sobredimensionada.

En el debate sobre si se debe impulsar el tándem big data / IA, estoy mucho más de acuerdo con el planteamiento de los autores que con el de, por ejemplo, Paloma Llaneza en Datanomics: “cómo hemos mutado hacia una fe casi religiosa en que los datos son la solución y no el problema”. En mi opinión, el big data es una innovación tecnológica que sirve para avanzar y para hacer una sociedad más justa. Ahora bien, comparto el disclaimer de los autores, así como su intención: “Sabedores de nuestros limitados conocimientos jurídicos, nuestra pretensión es únicamente provocar debate entre expertos a base de argumentos que los emprendedores europeos ponen encima de la mesa continuamente. Porque una regulación anacrónica es extremadamente perjudicial para los intereses económicos en la era de la disrupción... La regulación debe existir y ser clara, aunque no debe renunciar al desarrollo digital… O el Derecho, y especialmente los legisladores, comprenden la naturaleza de lo digital y la ajustan a sus principios generales, o moriremos de “éxito” jurídico, cargados de normas, pero sin empresas ni empleo”.

Pero el dato, por sí solo, no vale mucho; es petróleo que debe ser refinado para convertirlo en gasolina y poder ser usado1. La disrupción tecnológica que permite aprovechar el big data es la IA que, según los autores, “ayudará a curar enfermedades como el cáncer o el Alzheimer, afrontar con éxito el cambio climático, luchar contra pandemia… Los sectores disruptivos como la IA, además de generar más riqueza y empleo que los tradicionales, son necesarios para enfrentarnos a los grandes retos de nuestro tiempo… La IA y los drones revolucionarán nuestra agricultura con cultivos inteligentes y explotaciones de alta precisión. La robótica, la automatización o la impresión 3D tendrán un impacto brutal en la industria manufacturera, reduciendo el coste de la producción en cadena y eliminando cualquier posibilidad de error. La conducción autónoma reinventará el sector del transporte y hasta a nuestras propias ciudades que se convertirán en entidades “inteligentes” sensorizadas para “hablar” con nuestros coches”. Y añado que, en mi opinión, servirá para aumentar la inclusión financiera.

Atención al comentario de los autores: “Desde Europa se ha reprochado tanto a China como a EEUU su falta de implicación en materia de integración social o en la lucha contra el cambio climático. Pero en esta autosatisfacción y crítica, los europeos –incluso cargados de razón- hemos olvidado que, sin tecnología de futuro, sin crecimiento económico y sin empleos de calidad para la retención del talento será imposible sostener todos nuestros logros y compromisos sociales alcanzados… La envejecida Europa no debe entorpecer el futuro de sus jóvenes. ¡Claro que las tecnologías y, en concreto, la inteligencia artificial, llevan consigo riesgos y peligros! El fuego quema, pero también nos hizo grandes hace miles de años, como la inteligencia artificial nos hará más fuertes en las próximas décadas”.

Todo un resumen de la posición de los autores:

“Debemos alejarnos de la visión del empresario como un enemigo público –algo muy común en algunos círculos políticos- y de la del sector público como un lastre para las empresas –corriente que predomina en otras esferas- para obsesionarnos con la búsqueda de la eficiencia y la disrupción”.

“No sólo es innovación; estamos condenados a abrazar la disrupción. Porque en un entorno tecnológico tan cambiante es la disrupción, y no la innovación, la que conlleva verdaderos saltos económicos. Europa tendrá que elegir entre ser objeto de disrupción o ser disruptor”.

En Afi Inversiones Globales lo tenemos claro, y uno de nuestros principales focos de estudio y sesgo en las carteras de renta variable es la Innovación. Una megatendencia ésta que engloba varias temáticas que, previsiblemente, se van a convertir en megatendencias. Invertimos en compañías cotizadas, pero es obvio que el censo de compañías no listadas es muy superior. Y, en este caso, con referentes españoles. El libro de Pedreño y Moreno recoge una buena lista de casos de éxito.

Matriz Afi de Megatendencias / temáticas

Y, además, abre los ojos sobre la existencia de ecosistemas en zonas que, me temo, son desconocidas por la mayoría, o las asociamos a otras actividades: “Aunque sea imprescindible contar con grandes tecnológicas disruptivas, también será necesario potenciar un “minifundismo digital” ... La economía digital siempre se ha alejado de los grandes centros urbanos industriales y financieros. Masificación y concentración de economía tradicional y coste de vida más alto no son buenos ingredientes para el desarrollo de las tecnologías digitales…. Las ciudades medias con calidad de vida han demostrado su competitividad para la economía digital”.

“No es solo educar, es generar talento. No es investigar, sino crear ecosistemas. No es la innovación, es la disrupción”.

1Como bien señala Ángel Gómez de Ágreda en Mundo Orwell, “No se obtiene la misma información de 5.000 piezas sueltas de un puzzle que de 2.000 de ellas ya colocadas en su sitio”.
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