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23 de noviembre de 2020David Cano

Inversión adaptativa (iA)(*)

Como economista, me conformo con entender el pasado, diagnosticar el presente y reconocer que es extremadamente difícil anticipar el futuro. Pero hay una variable sobre la que en estos momentos me atrevo a hacer una previsión: el tipo de interés real (la diferencia entre el tipo de interés nominal y la inflación). Aquí va: “tipos de interés reales negativos durante un período prolongado de tiempo”. Y no tanto porque vaya a producirse una elevada inflación sino, sobre todo, porque los tipos nominales van a permanecer muy bajos durante mucho tiempo (más de un lustro; es posible que una década). Nos lo están diciendo los bancos centrales, que en esto (y en muchas más variables financieras), son los que mandan. Ante el abultado endeudamiento público, la política monetaria va a estar a disposición de los Estados. Incluso aunque aumentara la inflación (escenario que, por cierto, no hay que descartar a partir de 2023). La prioridad es, y será, disminuir la ratio deuda/PIB. Y ojalá se consiga vía dinamismo económico. Pero no seamos optimistas, parece difícil. Así pues, apoyo al endeudado, sobre todo si es el Estado. Y, como no se puede aspirar y sorber al mismo tiempo, si se ayuda al prestatario, no se puede ayudar al prestamista. Más bien al contrario. Como consecuencia del sostén a los endeudados, los bancos centrales (en especial, el BCE) están maltratando al ahorrador (ya desde 2015). Y si éste quiere mantener su poder adquisitivo (es decir, conseguir una rentabilidad por encima de la inflación) no tiene más remedio que transformarse, que mutar, en inversor. De ahorrador a inversor ante la represión financiera impuesta por los bancos centrales. No cabe otra alternativa que iniciar este viaje.

Y para este viaje, nada mejor que la maleta (de conocimiento) que supone este libro de Daniel Suárez. Han pasado muchos años desde que conocí al guaje. Lo recuerdo como si fuera ayer mismo. En las aulas del IUDE en Oviedo, una mañana de sábado. Notas desde el primer momento a quién le apasionan los mercados financieros. Y él es una de esas personas. Después, cursa nuestro Máster en Banca y Finanzas. Siguiente paso: se convierte en mi primer fichaje para el equipo de Análisis Económico y de Mercados que entonces comenzaba a dirigir. Muchos años de trabajo juntos. Luego, caminos diferentes, pero con un punto en común: la pasión por los mercados financieros. Y en su doble vertiente: gestión y estudio. La abundante literatura citada a lo largo de “Inversión adaptativa” es una muestra de lo que exige ser un gestor de carteras. Leer, leer, leer y leer. Horas, horas, horas y horas de estudio. No hay otra manera. Recele de quien le proponga atajos (como los mentales que nos describe Daniel en la primera parte del libro) en este mundo de los mercados y de la gestión. Muchas horas de vuelo, de lectura y de experiencia. Lo propio de una tarea que, como dice es “una combinación de algo de ciencia y mucho de arte.”

Este es un libro de gestión de cartera escrito desde la experiencia profesional. Y ésta nos dicta que, para aprender, hay que desaprender. A eso dedica el autor las primas páginas. A advertir de que algunos de los supuestos sobre el comportamiento de los mercados financieros (eficientes) y de las personas (racionales) son falsos. Simon, Kahneman, Tversky, así como Shiller o Thaler (todos ellos son premios Nobel de Economía, salvo Tversky, por su temprano fallecimiento) han aportado mucho a los gestores de carteras. Y ya, más recientemente, otros autores como Andrew Lo han avanzado proponiendo la Hipótesis de los Mercados Adaptativos (HMA). “Esta Hipótesis de los Mercados Adaptativos fue la que nos animó a estudiar los mercados financieros, y el proceso de toma de decisiones, desde un punto de vista diferente. Dejando en un segundo plano la pregunta ¿hacia dónde vamos? y reorientar toda la presión analítica sobre el ¿dónde estamos? Porque si somos capaces de comprender dónde estamos, tendremos muchas posibilidades de identificar si estamos en un entorno que propicia la sabiduría o, por el contrario, si fomenta la locura. Trabajar siempre bajo esquemas de probabilidad y nunca de certezas, o el desarrollo de metodologías que nos protejan del ciclo de las emociones son algunas de las características de nuestra forma de entender la inversión en mercados financieros. El objetivo: la cartera de inversión debe sobrevivir a locuras y beneficiarse de la sabiduría; aprovechar el viento de cola y gestionar las turbulencias”. Gran resumen del contenido del libro.

Mackay, Kindlerberger, Akerlof o Montier, Marks son más autores que cita Daniel Suárez como fuentes de su método de gestión. Por poner un “pero”, echo en falta al gran J.M. Keynes para reivindicar su figura como gestor de carteras (me temo que la sombra que ejerce como macroeconomista es demasiado alargada, pero él fue quien primero habló de los “animal spirits”). Un método que, además de tener en cuenta la psicología, está condicionado por el entorno económico, pero también por el financiero. No puedo estar más de acuerdo. El gran fallo de muchos gestores es que sólo tienen en cuenta uno de ellos (o, peor aún, ninguno). “Adaptar la cartera de inversión al entorno es fundamental para incrementar las probabilidades de éxito. Pero tampoco es suficiente. Además de comprender el tipo de entorno que se está desarrollando en el ámbito macro, es imprescindible estudiar el ciclo de los mercados financieros”. Los dos. De nada nos vale ser buen analista macro si no acertamos con el ciclo del mercado. Y diagnosticar éste es imposible si no detectamos dónde estamos en el ciclo económico.

Este es un libro de gestión de carteras… con método. Como decía Unamuno, “Proceder con método vale tanto como acercarse a la verdad”. Y Daniel, en un ejercicio de transparencia total, nos cuenta el suyo: la Inversión Adaptativa (iA). Basándose en su experiencia y en lo que a él le ha funcionado y lo que no. Es una propuesta. Luego, cada uno, tendrá el suyo (¡pero hace falta método!). Y para llegar a conseguirlo, es recomendable conocer la experiencia de otros. Ah, claro, y como los propios mercados, los métodos de gestión de carteras no deben ser fijos, sino que también deben adaptarse. Con las circunstancias de la economía, del mercado, así como con la experiencia propia y la de otros gestores. “Una metodología no ofrece una técnica infalible para la gestión de carteras y de las inversiones. Es simplemente una forma de razonar sistemática sobre un tema que no está sujeto a respuestas fáciles”.

Tiene ante sus manos un excelente manual de gestión de carteras del que aprenderá cosas (yo lo he hecho, desde luego). Que le aportará pistas y recomendaciones (“piezas del puzzle”). Algunas de ellas tal vez no le parezcan adecuadas o no las quiera aplicar, pero siempre está bien contrastar. Este es un libro que motiva el aprendizaje continuo. “Es un puzzle sin final, que motiva el aprendizaje continuo para el que lo sepa aprovechar. Y aunque nunca estará completo, a medida que avancemos seremos capaces de vislumbrar algunos mensajes con claridad. Ninguno te dirá la fórmula mágica para hacerte rico en los mercados financieros, pero sí encontrarás una metodología que te ayude a aumentar las probabilidades de supervivencia de la cartera en el largo plazo, y ante cualquier entorno”. A gestionar se aprende gestionando y leyendo libros como este. A por él.

(*) El texto de este post se corresponde con el prólogo del libro de Daniel Suárez Montes “Inversión adaptiva”. Desde aquí le agradezco que pensara en mí para escribirlo.
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